- Cumplimos en su día una meta y nos hemos quedado estancados.
- Por decisiones que creíamos que eran buenas, estamos en una situación en la que no queremos estar.
- Por no haber actuado a tiempo, hemos creado un estado del que queremos salir, pero no vemos como.
Y la lista puede seguir hasta el infinito. En ese punto, es cuando empezamos a quejarnos. A partir de aquí podemos seguir dos caminos.
Solo nos quejamos
Este es el camino menos recomendable. Quejarse de la situación que vive uno mismo añade más problemas al que ya tenemos. Puede generar malestar en nuestro entorno (a nadie nos gusta que se nos estén quejando siempre de todo, para eso tenemos nuestros propios problemas) que nos puede repercutir luego en nuestras relaciones con los demás (otro motivo más de queja). Sufrimos una retroalimentación negativa. Al quejarnos, nos escuchamos. Y eso puede llevar a que inconscientemente estemos reafirmando lo que decimos, lo que nos llevará a quejarnos más. También se pierden muchas energías y tiempo que podríamos estar utilizando en el otro camino:
Analizar nuestra situación e intentar cambiarla
Esta es la mejor decisión que podemos tomar. Primero analizamos qué nos ha llevado a donde estamos. Una vez encontrados los motivos, deberíamos ver si seguimos haciendo lo mismo. Si es así, hay que trazar un plan de acción. Si no, vemos qué estamos haciendo mal, y de nuevo cambiar lo que veamos que no nos va a sacar de nuestro estado actual. Hay muy pocas situaciones de las que no podamos salir, ya sean laborales o personales.
Pero si aún así vemos que no nos va a ser posible salir a corto plazo o nunca, lo mejor es afrontarlo con serenidad e intentar centrar nuestros pensamientos en otras facetas de nuestra vida. Ver con perspectiva que hay otras cosas en la vida. No todo es el trabajo, o el amor, o los amigos, o la salud o la familia. La vida es un conjunto de todo lo que nos rodea. Lo que nunca es recomedable hacer es caer en la espiral de las quejas.
Siguiendo el segundo camino, vereis como conseguimos que cambien las cosas, o por lo menos podremos aceptar más facilmente los inconvenientes.
Foto: Eduardo Amorim




