Ya sea por la crisis o como reacción al estilo de vida que se está instaurando gracias al consumismo, últimamente empieza a haber una corriente llamada minimalismo.
¿Qué es el minimalismo? Se puede describir como vivir una vida con lo justo. Con lo mínimo. Sin tener la casa llena de muebles, sin tener que comprar el último gadget innecesario, sin tener siempre que vivir a crédito. Una vida basada más en vivirla que en comprarla. En las relaciones interpersonales. En estar en contacto con la naturaleza.
La idea es conseguir una vida en la que no tengamos que estar siempre trabajando para pagar lo que hemos ido adquiriendo (y que muchas veces ni usamos o nos proporcionan una satisfacción efímera) y disfrutar más de nuestra familia, amigos y entorno.
Con estos dos pasos, puedes empezar fácilmente con este estilo de vida:
1. Dejar de comprar cosas innecesarias. Antes de comprar nada, pregúntate: ¿En serio esto es necesario en mi vida?
2. Elimina lo innecesario en tu vida. Amontonamos una barbaridad de cosas a lo largo de los días. ¿En serio todo esto es necesario? No hace falta guardarlo todo "por si acaso". Mira a tu alrededor, y lo que veas que sobra, dónalo, véndelo o tíralo.
Simples, ¿no? Pues mira los beneficios que puede traer esto a nuestra vida:
En el primer paso: Empezarás a ahorrar dinero. Esto desencadenará en que podrás pagar más facilmente tus deudas, que necesites menos dinero para vivir, por lo que te preocupará menos el ganarlo. De esta manera tendrás más tiempo para pensar en otras cosas, como en los que te rodean o en tí mismo.
Con el segundo paso: Vaciarás tu casa de cosas innecesarias, por lo que, por ejemplo, perderás menos tiempo, limpiando, ordenando, etc. En resumen, todos los beneficios de tener una casa minimalista.
Foto: jmtimages
12/09/2010
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Es impresionante como la reducción de los gastos por una vida más minimalista puede aumentar la libertad y la independencia personal. De repente puedo trabajar menos (acabo de reducir a 80%) e invertir más tiempo en proyectos personales. Me siento menos vulnerable y más dueña de mi existencia. Vale la pena probarlo.
ResponderSuprimirPues sí, cuanto menos necesitamos, más libres somos. Por cierto, gracias por comentar porque así he podido descubrir tu blog.
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