Siempre queremos ganar más dinero, tener más cosas, el último gadget, los zapatos de temporada... Trabajamos para ganar dinero. Pero no dinero para vivir, sino para comprar cosas. Siempre tenemos un objeto en mente a comprar. Ya sea el último Iphone, el Ipad, un coche más potente, otro piso que nos guste más, etc. Para darnos caprichos. Pero al final, esos caprichos son satisfacciones efímeras, por las cuales malgastamos la mayor parte de nuestra vida haciendo algo que no nos gusta (porque seamos sinceros, o nos pagan por ello, o no trabajaríamos). Aún no has comprado una cosa y ya estás pensando el lo próximo que vas a comprar, o el accesorio que quieres.
Nunca vamos a tener suficiente. Nunca nos vamos a conformar con lo que tenemos, porque siempre nos crearán necesidades. Trabajar, gastar, trabajar, gastar, y entre medio márgenes que con los que se enriquecen a unos pocos.
¿En serio que esto es lo que quieres?
Revisa tu vida. Comprueba que tus necesidades básicas están cubiertas. Si lo están, mira a tu alrededor y aprecia lo que tienes. Lo que has conseguido. ¿Necesitas tener el último movil android o irte a cenar a un restaurante caro? Centrate en tu familia, tus amigos o tus compañeros de trabajo. En relaciones sanas, que no sean por interés, ni en las que se basen en las apariencias ni en las que tengas que estar compitiendo. Verás como disfrutas bastante más, y la satisfacción es más duradera.
Los humanos somos bastante simples, uno de los factores que nos ayuda a ser felices es el estar con otras personas. Es el resultado de millones de evolución, que nos hizo seres gregarios para poder sobrevivir.
Porque algún día tendremos que dejar de consumir con esta ansia que nos invade. Vivimos en un planeta finito, donde no puede existir el crecimiento sostenible (si es finito, no puede crecer indefinidamente).
Y si ves que eres más feliz de esta manera, que no te de vergüenza decirlo. No tenemos que ser como borregos que vamos a donde nos guían. Podemos pensar y elegir.
Foto: Steve Rhodes






